Ago 162016 1 Response

¡Me encanta este sitio! Pero no volveré jamás

Tweet about this on Twitter7Share on LinkedIn42Email this to someoneShare on Google+0

Me pasas unas movidas en vacaciones macho que yo qué coño os voy a contar. Sinceramente, lo que me pasó me dio tal bajón que pensé: mira, no hay mal que por bien no venga, lo contaré en un post. Pero no con ánimo de rajar o trolear al restaurante que aparecerá en este post, ya se trolean ellos solos. Lo escribo para reflexionar sobre la atención al cliente, tan importante en un negocio online como offline y que, muchas veces, se pasan por el fiordo los negocios.

Cómo descubrí este restaurante

Un día quedé para comer con Roger Compte, que es un tío muy majo y me recomendó que fuéramos a un restaurante hindú llamado Shanti. Auténtico sabor hindú, dicen. Y es verdad. Seamos honestos, se come de la hostia.

Cuando entras en un restaurante japonés donde comen japoneses, sabes que es bueno. Cuando entras en un hindú lleno de hindús, sabes que es bueno. La atención fue buena, el precio bueno, la comida buena… pues ¿qué iba a decir? Que repetiría, obviamente. Algunas salsas pican y otras pican la hostia, por si pensáis ir y tenéis pupitas en el estómago.

dalshim

 

Y repetí, obviamente

Volví otro día con  Roger y todo fue de puta madre. Otra vez buena atención al cliente, comida rica, precio razonable y demás. Un ambiente guai. Estás tranquilo. El camarero no es de esos que te toca los cojones cada 2×3 preguntándote si está todo bien o no. Déjame comer tranquilo, coño. Pues este era de los que te deja comer tranquilo.

Además, para estar en la zona en la que está, nunca me había encontrado ahí a Salvador Sostres (amante de comer fuera de casa y vecino de la zona), lo cual siempre se agradece. No quieres salir de ahí con náuseas.

Y volví por tercera vez, y fue un desastre

Esta vez quedé con un amigo de toda la vida. Pongamos que se llama Señor Eric (acabemos con el misterio, se llama Eric). Íbamos a cenar. El tío no se encontraba demasiado fino, pero igualmente salimos a cenar y tal.

Pedimos y nos trajeron unos entrantes para picar y la bebida. ¡Qué rico estaba todo! Vas hablando y tomándote una copichuela de vino hasta que te das cuenta que llevas 20 minutos hablando y bebiendo vino con el estómago semi-vacío y ahí no llega nada.

El restaurante no estaba lleno. Habría 6 mesas máximo (y cabe mucha más gente).

5 minutos más

Le preguntamos al camarero y nos dice que en 5 minutos tenemos la comida.
Pasan 10 minutos más y volvemos a preguntar.
Nos dice que en 5 minutos nos trae la comida y nos trae un poco de pan.
Genial, pan con vino, ¿qué pollas es esto?

marcelino-pan-y-vino-y-ponte-fino

A todo esto, mi amigo cada vez se encontraba peor. Después de irnos del restaurante el tío se fue a casa y estaba a 38º pillando unas anginas de caballo. El pobre se encontraba fatal y con el estómago vacío. Vino no bebía porque no estaba fino, lo comento porque probablemente os lo preguntaréis. No es tan kamikaze. Así que su cena hasta ese momento había consistido en pan con agua. No está mal, SI ESTÁS PRESO.

A partir de ahí, sinceramente, dejamos de preguntar por la comida, que apareció exactamente 50 minutos después de que nos trajeran los entrantes. Casi 1 puta hora esperando para comer (era un plato único de menú degustación). Nos la trajeron pero sin explicarnos qué había pasado ni tampoco pedirnos disculpas.

Para cuando el camarero llegó a la mesa, la escena era algo así:

esqueleto

En fin. Mi colega estaba ya pal arrastre y no pudo comerse ni la mitad. Yo me lo comí todo como si fuese Carpanta (que lo soy).

Cuando llegó el camarero para ofrecernos el postre le dijimos que no íbamos a tomar, porque mi amigo se encontraba fatal y nos íbamos a casa directos. Así que pedimos la cuenta.

La sorpresa final fue que, después de esperar el único plato de la cena 50 minutos y de decirle que no íbamos a tomar postre, el tío nos cobró el menú entero, con postre incluido.

Vamos a ver. No voy a decirle a nadie qué debe o no debe cobrar, cada uno es dueño de su negocio y sabe por dónde van los tiros, pero después de tenernos casi 1 hora esperando y no hacernos ni caso, pensé que podía haber tenido el detallito de no cobrarnos el postre que no habíamos tomado.

Corolario y hasta luego

La broma costó 62 napos.
¿Que si me parece caro? No entro en ese debate.

Si vas a un sitio a comer es porque estás de acuerdo con el precio de los platos y no voy a entrar en eso, como dije, cada uno sabe lo que debe cobrar por su trabajo.

Eso sí, el trabajo de sala esa noche fue fatal. Y la espera (que no fue solo nuestra, había las mismas caras de ganas de morir en todas las mesas del restaurante) fue impresentable. La atención al cliente y el servicio, nefasto.

Si pasa algo, comunícalo. Si lo dices, es fácil que la gente te entienda. Pongamos por ejemplo: “vamos tarde sirviendo los platos, perdone, al cocinero se le ha caído un brazo al suelo”. Genial, pues no pasa nada. Días malos tenemos todos y estas cosas pasan. Pero si no dices nada a parte de “5 minutos y sale”, cuando esos 5 se convierten en 50 y cuando encima no tienes el detalle ni de pedir perdón, ni de no cobrar algo que no se va a tomar el cliente, sinceramente, te pueden dar por saco. Me encanta ese sitio, pero no voy a volver.

 

Tweet about this on Twitter7Share on LinkedIn42Email this to someoneShare on Google+0
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (4 promedio de votos: 3,00 sobre 5)
Loading...

Deja un comentario

Your email address will not be published. Please enter your name, email and a comment.